Microsoft y la encrucijada maldita

Es la comidilla de hoy: Microsoft ha decidido abandonar el mercado de los móviles físicos como tales (aunque no se sabe aún a ciencia cierta que pasará con la Surface, a la que no se hace referencia al menos hasta ahora) y se centrará en el ecosistema de aplicaciones, mapas y publicidad, al menos en lo que se refiere al retail. Sorpresivo movimiento de Nadella que sin embargo, para el que suscribe no es tan extraño, como explicaré a continuación, y que orienta a Microsoft a una senda que no debió abandonar jamás: dedicarse de forma más exclusiva al mercado del software.

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Steve Ballmer murió matando. El heredero de Bill Gates hizo muchas cosas, algunas positivas, sobre todo en el contexto del desarrollo de software y Windows 7, y otras muchas no tan buenas, como Windows 8 y la adquisición de Nokia Devices, que el año pasado se consumó con la toma de control de la división de móviles de Nokia de forma total y completa por parte de los de Redmond. Ni me voy a referir a las cifras, porque son tantas y tan escandalosamente altas que ruborizan a cualquiera. El problema es que ya era, desde su origen, una estrategia negativa para la empresa y así se ha demostrado: una empresa como Microsoft, que se ha dedicado los últimos 40 años al software, no puede llegar de la noche a la mañana e intentar competir en un mercado tan saturado como el móvil en igualdad de condiciones con Apple y los fabricantes de Android. Así lo han visto en el consejo de administración y han tomado una decisión que además parte del hecho de que se van a despedir a 7.800 personas como parte de la reestructuración, y eso es grave, sobre todo en un mundo en crisis como el que vivimos actualmente.

Satya Nadella ha escrito un memorándum a los trabajadores de Microsoft que, aparte de poco claro sobre qué va a ocurrir con el tema Nokia, deja ver que quieren dedicarse exclusivamente a la cuestión del software y el ecosistema de apps, imagino que refiriéndose también a iOS y Android. Hay quien lo ve como un error, pero sinceramente, yo creo que no. Creo, de hecho, que es la decisión más correcta. Microsoft es una empresa de software, lo ha sido siempre y no tiene cultura de desarrollar dispositivos más allá de teclados o ratones, mercado donde ha actuado siempre de forma muy brillante, por otro lado. Pero el móvil no es lo mismo. El móvil es un aparato muy complejo donde, en realidad, lo importante no está en el aparato en si, sino en su contenido, como demostró Apple desde que lanzó la App Store. Las apps han demostrado que da igual donde uses un sistema, siempre podrás hacer cosas con ellos porque lo que aporta valor no es el aparato en si, si no lo que puedes hacer con él. Eso debieron haberlo entendido los antecesores de Nadella cuando tomaron decisiones tan peregrinas como unificar el sistema operativo en todos los dispositivos o adquirir una empresa que, sí, estaba yéndose al garete, pero que precisamente se estaba yendo por el sumidero porque no estaba pudiendo adaptarse al mundo de los smartphones, debido a una enteléquica forma de entender la tecnología que les llevó de ser el primer fabricante del mundo a no poder superar a los chinos o pequeños fabricantes europeos de móviles Android, y por supuesto a Apple, por el lado contrario del espectro. Si ellos no pudieron, no comprendo porque Ballmer y compañía pensaron que sí podrían. Ser Microsoft no es garantía de nada, sólo de que no van a irse a los infiernos en un año. Esa empresa tiene fondos suficientes para aguantar una década (con beneficios de un 25%), pero no se puede vivir eternamente de las rentas, y esa es la cruda realidad que Nadella ha debido terminar entendiendo, aunque le ha costado.

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Y no sabemos qué pasará con Surface, un dispositivo que a pesar de todo mantiene un perfil muy bajo en el mercado y que a pesar de todos los esfuerzos no está pudiendo competir con el iPad y las tablets Android. Es demasiado caro hasta para competir con el iPad, lo que hace que los usuarios prefieran este último en la gama alta. Las políticas de sistemas operativos tampoco están ayudando: a estas alturas, Microsoft está cometiendo el inenarrable error de cambiar de versión cuando ni siquiera la anterior estaba plenamente establecida. Ahora, ¿qué ocurre con Windows 10? ¿Cuál va a ser su significado en el mercado? En un mundo Post-PC como el que estamos viviendo, en el que cada vez más gente usa sólo el móvil o la tablet y ya no compran PCs para sus casas, ¿qué relevancia va a tener tal esfuerzo? ¿En qué ecosistema se van a centrar ahora, que como quien dice están “reiniciando” el sistema donde debe funcionar ese ecosistema? ¿Qué ocurre con las apps híbridas? ¿La nube? ¿Competir con iPad? Son demasiadas incógnitas que un perdido Nadella no ha sabido responder hasta ahora. Demasiadas incógnitas para confiar en una empresa que lleva ya más de tres años a la deriva. Esto genera un montón de incertidumbre en los desarrolladores que, como por ejemplo yo, estábamos esperando a que Windows 10 fuera una solución de algún tipo. Ahora mismo, las ratas del barco se están tirando por la borda. Y qué decir tiene el entorno empresarial, donde siempre han sido fuertes pero en el que ahora tienen enfrente una “entente cordiale” de Apple e IBM que les va a hacer mucha pupita (recordemos que IBM es la primera empresa mundial en el sector de la gran empresa). Un desastre, vamos.

Pero seamos positivos. Ciertamente esta era la única jugada a largo plazo que podía hacer el amigo indio, porque intentar seguir manteniendo la división de hardware a largo plazo era un suicidio. Microsoft nunca se ha sentido cómodo en el retail y nunca ha hecho esfuerzos en esa dirección que permitieran vislumbrar un objetivo claro. Es una empresa de programas, de apps, de datos si se quiere, pero no de hardware. Era un experimento que algunos dábamos por muerto desde que se supo que se había producido la adquisición de Nokia, y no era lógico que durase mucho. Los experimentos de Ballmer se han rematado con grandes pérdidas y despidos masivos. Ahora, la perspectiva que tiene Microsoft por delante se orienta a intentar salvar los trastos todo lo posible y retornar a un contexto en el que se sientan más seguros y a salvo. Recuerdo que comentaba con un conocido hace tiempo esto mismo y que no le veía sentido a todo lo que estaban haciendo, y que lo único que tenía sentido para ellos era volver al software y generarlo con calidad, porque ellos pueden hacerlo, cuando quieren. Es su única tabla de salvación. Hacer un buen ecosistema para iOS, Android y Windows Phone, un Windows que habite en dispositivos de otros fabricantes con muchas facilidades para que estos puedan incorporarlo en sus aparatos y que no cometa los errores de Google con su robotito. Porque al final, lo que va a salvar a Microsoft es reconocer su propio ADN y hacer lo que han hecho siempre más o menos bien: programas. Ahora, veamos si Satya tiene la capacidad de liderar este cambio de forma real y concreta. Yo, sinceramente, espero que sí.

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