No sólo Apple XXIX: Steve Jobs, el hombre tras la máscara.

Steve Jobs falleció el 5 de octubre de 2011, como sabemos, de un cáncer que le estuvo minando la salud al menos desde 2001 que se sepa (posiblemente antes), en una agónica lucha como suelen ser estos lances del destino para todos. Evidentemente volver a hablar de esto es innecesario, ya se ha dicho mucho y cinco años más tarde, lo que quería plantear aquí es otra cosa: ¿qué mueve a un individuo a crear un imperio de la nada? ¿Realmente fue así? ¿Cómo fueron esos primeros años? Vamos a intentar superar el mito para encontrar lo realmente importante: al hombre tras la persona de Steve Jobs.

No se trata de intentar biografiar una vida como la suya en unas pocas líneas, lo que es absurdo. Se trata más bien de un conjunto de impresiones o conclusiones que he ido extrayendo a medida que iba afinando mi conocimiento sobre este asunto y lo que hay alrededor. Siempre me ha gustado escarbar en la historia tecnológica y qué duda cabe la importancia de sujetos como Jobs es fundamental para entender esa historia y su entorno. Cosas como que él y Wozniak desarrollaron el primer Arkanoid o que Apple desarrolló la primera impresora láser comercial junto con Adobe (empresa que estuvieron a punto de comprar, con lo que la historia no sería ni de lejos como es) son detalles que habitualmente se escapan a la mayoría.

Él mismo reconoce en la llamada “entrevista perdida” (realizada en 1995 y que no se encontró hasta hace unos 10 años aproximadamente) que no sabía dirigir Apple. El se muestra a si mismo como un jovenzano que hizo muchas cosas mal, pero que se dio cuenta de por qué Apple caería como finalmente pasó (Apple compró NeXT en 1996 y él pasó a dirigir la compañía sólo un año más tarde) porque los que supuestamente deberían ser dirigirla no tenían ni idea de cómo hacerlo. Que él mismo se dio cuenta del error de contratar a John Sculley cuando directamente este sólo quería salvar su propio culo antes que la empresa. Pero ya era tarde y fue Jobs quien terminó de patitas en la calle. Como él mismo dice en la entrevista, incluso diez años más tarde aún le resultaba doloroso recordar todo aquello.

En esa entrevista Jobs se mostraba no como el empresario que conocía todo el mundo si no como lo que era, un humano con pies de barro, con inseguridades pero al tiempo con una imagen clara de lo que quería (y como él decía, del éxito). Un detalle curioso es cómo habla de algo que después sería crucial en Apple: la programación orientada a objetos. Habla de como se lo enseñaron en Xerox Park pero también de cómo no le prestaron atención (eran finales de los 70, y nadie sabía que era eso) hasta que se dio cuenta de que era totalmente necesario para desarrollar aplicaciones en un entorno complejo como el del Mac. En otra entrevista tiempo más tarde Jobs hablaba de que Apple no era una empresa de hardware que hacía software, sino todo lo contrario: era una empresa de software que se fabricaba sus propios aparatos para hacer funcionar ese software. En NeXT se dieron cuenta de que la única forma de desarrollar sistemas complejos era dejar de lado definitivamente la programación estructurada tradicional y pasar a una metáfora basada en objetos, que permitía modelar aplicaciones más basadas en la realidad que en conceptos.

Jobs junto a su NeXTstation en 1991

Jobs junto a su NeXTstation en 1991

Aparte de dar un repaso a los momentos más conocidos de sus primeros años como la Blue Box, personalmente lo que más me interesó es como daba a conocer su visión de lo que debía ser una empresa tecnológica y como debía funcionar. Ante la acusación de que era un déspota y que hablaba mal a la gente, cosa que no niega, se defiende con una metáfora del éxito: sólo se puede alcanzar si consigues que la gente brillante se dé cuenta de que lo es, y para eso, según su visión, a veces hay que tratarlos como una “mierda”. Puede sonar paradójico, pero tiene cierto sentido: las personas brillantes suelen querer juntarse con otras personas brillantes y hacer juntas cosas brillantes. Cuando no están en esas condiciones, esas mismas personas pueden pasar a hacer cosas mediocres, y hacer que se den cuenta de eso (al más puro estilo “zazen” budista que el propio Jobs seguía desde que se hizo fiel seguidor del famoso maestro budista Paramhansa Yogananda) era su principal trabajo. Sí, podía ser desagradable y duro, y él tenía que tragar con eso. Pero así logró lo que logró. Podrá ser criticable, sin duda, pero la historia es la que es y todos sabemos cual ha sido el final de esa historia.

Por lo demás, nos dejó en esa entrevista un detalle que luego conformaría la actual Apple: no dejar a la junta directiva el poder de dirigir los designios de una empresa. La junta directiva suele mirar sólo por los beneficios, y eso probablemente está bien en una empresa convencional que fabrica “commodities”, pero cuando quieres vender algo más que productos, como era su intención, eso no vale de nada. La propia Apple pre-1997 era buena prueba de ello. La Apple actual de Tim Cook puede no ser la que dejó Jobs, al menos no completamente, pero probablemente el propio Jobs no querría que fuera así. Reinventarse en cada momento era uno de sus grandes objetivos, así que supongo que hasta cierto punto, lo están haciendo bien.

Os dejamos con la “entrevista perdida”:

PD: Las pedradas hacia Microsoft son una nota aparte; pero ahora vemos que razón no le faltó ni un ápice.

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