No sólo Apple XIX: La utopía educativa


Apple ha tenido una influencia decisiva en la industria, pero aquí recordamos a los que han colaborado de forma decisiva al mundo tecnológico en el que vivimos fuera del “jardín vallado”. Esta sección aparecerá a las 9:41 am, hora del pacífico, como nuestra sección “One More Jobs” (pulsa aquí para saber por qué).

Vosotros no sé, pero ya ni cuento los años que llevo escuchando sobre la educación digital y la introducción de las tecnologías en el ámbito educativo. Resulta sorprendente como llevan décadas “adoctrinándonos” sobre educarnos de forma tecnológica, ya no con ordenadores, sino directamente con tablets o cualquier otra tecnología esotérica (recordemos como nos molaba a todos ver a Neo aprendiendo Kung-Fu con un disco de datos en Matrix). Pero sin detenernos en asuntos tan abstractos, lo cierto es que por ejemplo aquí en España la “revolución educativa digital” prácticamente es inexistente. Muchos universitarios ni siquiera se hacen a la idea de llevar un portátil o una tablet a las clases, así que no digamos en los entornos inferiores, donde directamente ni siquiera les dejan tener el móvil en clase. Vivimos en una burbuja tecnológica negativa en lo que se refiere a la enseñanza.

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Apple, en el sentido educativo, siempre ha vivido orientada a la escuela y los institutos, mientras que la mayoría de grandes compañías del mundo siempre se han orientado a las cuestiones puramente universitarias, orientando tanto sus iniciativas como sus tecnologías siempre a esos campos. Microsoft, por ejemplo no tiene casi presencia a nivel educativo en la enseñanza primaria o secundaria, mientras que en las titulaciones superiores siempre ha estado presente (recuerdo que conseguí mis primeros compiladores “legales” gracias a uno de los típicos planes de estudiantes baratos, concretamente Visual Basic 5 y Visual C++ 1, en tiempos que ya se me antojan antediluvianos). La cuestión es que aunque todos podemos estar más o menos de acuerdo en que las tecnologías pueden ayudar a aumentar nuestra capacidad cognoscitiva del mundo, y aunque nos venden constantemente la moto de que es lo que se busca, es evidente que no se terminan de dar los pasos ni en esa ni en ninguna otra dirección. Realmente estamos en un punto muerto.

Por un lado hay países donde la informática se ha integrado en la vida de los alumnos. Generalmente son países anglosajones y nórdicos, amén de algunos asiáticos (Japón y Korea, fundamentalmente). Eso no es necesariamente correcto en sentido estricto, ya que puedes usar la tecnología para seguir enseñando según los paradigmas tradicionales, lo que es un fallo ya que está comprobado que esos paradigmas no funcionan, pero es un paso adelante. Internet, en su esencia, es un sistema enlazado que permite aprender de forma transparente y natural. A medida que vas introduciéndote en un tema concreto, el ovillo de lana se va desenlazando de forma paulatina y va permitiendo la adquisición de conocimiento de forma sucesiva y natural, de muchas maneras de la misma manera a como ocurre en la realidad, por ejemplo cuando aprendes un oficio o investigas un tema concreto. Cuando la educación es dirigida, te encuentras con distintos obstáculos que, si quien dirige la ruta a seguir no sabe resolver, termina en puntos muertos que suelen terminar en que el alumno, en el mejor de los casos, no entiende lo que está aprendiendo y por tanto lo obvia, generando una triste sensación de agobio y desamparo que en general, o termina en fracaso escolar, o en el otro extremo, en el futuro olvido de la materia, siendo finalmente un tiempo perdido.

Las redes en ese sentido son sin duda un futuro esperanzador, pero políticamente no interesan. Es evidente que ayudan a comprender y retener mejor los conocimientos sin necesidad de memorizar, pero en un mundo educativo basado precisamente en eso, es difícil apostar por algo que no sea insertar información inútil en las cabecitas de los niños y jóvenes. El sistema educativo no está estructurado para permitir aprender de forma natural, sino forzada, y debido a eso (recordemos que en su origen, la educación nació en los países anglo-germanos como una forma de conseguir modelar la sociedad a su gusto, especialmente en el imperio británico y el prusiano), las redes tienen un papel totalmente secundario como simple apoyo al sistema principal, que es la memorización de datos, un simple complemento informativo. Este error de base no es asumido por todas las instituciones académicas, obviamente, pero la corrección del sistema suele estar reservada a instituciones de nivel universitario, siendo prácticamente imposible encontrarlo en los niveles inferiores. Es como si no hiciera falta que los niños y adolescentes aprendieran por si mismos, y sólo se viera necesario que aprendan lo que institucionalmente se ve como relevante. Teniendo en cuenta que la mayoría de las personas sólo terminan necesitando aprender bien a leer, escribir y unas matemáticas básicas, ¿es lógico que ni siquiera esas habilidades tan simples sean aprendidas y gestionadas de forma eficiente por los ciudadanos en la mayoría de los casos, mientras que se les obliga a memorizar y retener (cosa que no se consigue no obstante) informaciones tan irrelevantes para la mayoría de los mortales como los nombres de los cabos o las longitudes de los ríos? Si va a usarse la tecnología para seguir inculcando este tipo de enseñanza, entonces no es necesario cambio de ningún tipo.
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Al final la tecnología tendría que haber sustituido ya los libros de papel y otras artes clásicas de la enseñanza por nuevos métodos. Es cierto que muchos profesores ya piden los trabajos en archivos digitales, enviados a su email, etc… Y eso está bien. Pero eso, que lleva relativamente poco tiempo funcionando en nuestro país de manera habitual, ya se podía hacer hace quince años y no se hacía. Ahora existen intranets para los padres, para poder seguir las notas de los chicos, las actividades y demás, pero los padres en general no están interesados porque, en realidad, eso no aporta nada a los chavales (y en general su ignorancia tecnológica muchas veces no les permite entender su funcionamiento y finalidad). No es tecnología orientada a la educación. Es simplemente tecnología de control y seguimiento. Existe mucho software orientado a ser manejado por los alumnos, claro, pero sobre todo es software de idiomas y para niños pequeños, que no hace más que repetir y duplicar lo que antes se hacía con papel y una pizarra: aprender números, animales, puzzles, y otras técnicas parecidas. Siempre dirigiéndoles de forma coercitiva sin generar en el niño un interés por lo que están aprendiendo. Lo hacen de forma mecánica y repetitiva, adaptándolo a su nivel. Las apps educativas están a años luz de lo que deberían ser, y las que fomentan la creatividad (aquí hace tiempo presentábamos una idea que no estaba nada mal) terminan siendo puramente testimoniales, como una curiosidad plástica de segundo o tercer nivel.

Realmente no sé si será posible superar este estancamiento. Ahora está de moda querer que en los países occidentales los niños aprendan a programar. Yo soy programador y no le veo el sentido. Se aduce que es una forma de despertar su intelecto y sus capacidades racionales (estaría bien que también se despertaran de cuando en cuando las artísticas e imaginativas, tanta racionalidad a veces cansa un poco), y sin duda sería cierto. Pero yo me pregunto si es una pérdida más de tiempo como aprenderte nombres de montañas o la sexualidad de las plantas. El que quiera aprender geografía o la biología vegetal tendrá tiempo de aprenderlo si es de su interés, al igual que la programación. Pero por lo que parece, hacen falta muchos programadores en el futuro hiper-tecnificado que nos espera, y por eso es obligado que miles y miles de niños y niñas tenga que saber programar antes que montar en bici. Sinceramente me parece de locos. Pero también es cierto que es el mundo que nos toca vivir, y las consecuencias de errores pasados las estamos viviendo ahora. Ya veremos como otros veinte años de “mala educación” pueden afectar a nuestro futuro.

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