No sólo Apple VI: Megaupload, Ícaro derribado


Bienvenidos a la nueva sección bisemanal de iPaderos. El leitmotiv de estos artículos será expandir un poco más allá la perspectiva de la temática general del blog, que no deja de ser otra que Apple y su ecosistema, y sobre todo, nuestro querido iPad. Parece como si el resto del mundo no hubiera tenido su propia historia e influencia en el mundo tecnológico, y obviamente, no es así. Apple ha sido, sin duda, un motor que ha impulsado indiscutiblemente la industria, pero tenemos que recordar también a todos a aquellos que, en el pasado o en la actualidad, han dado también parte de su originalidad o inventiva al mundo moderno en el que vivimos. Esta sección aparecerá a las 9:41 am, hora del pacífico, como nuestra sección «One More Jobs» (pulsa aquí para saber por qué).

Seguro que muchos de vosotros conoceréis el mito de Ícaro. Este buen hombre era hijo del arquitecto constructor del laberinto de Creta (sí, el del Minotauro), y un buen día que a su padre le dió por hacerse unas alas y ponerse a volar junto a su retoño (sin bebida energética mediante); resulta que a Ícaro no se le ocurre otra cosa que subir más y más y más alto hasta que el calor del sol fundió la cera de sus alas y bueno, ya os imagináis lo que pasó… Vale, que estaban retenidos en Creta porque al rey Minos se le puso entre ceja y ceja y tenían que escapar, pero con haber volado recto y en horizontal hubiera servido… ¿Que a qué viene esto? Pues que con nuestro protagonista de esta semana tenemos el mismo problema: intentó volar tan alto que terminó cayendo… O lo tiraron, más bien.

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megaupload

En 2011, Megaupload era seguramente el servicio de Internet más popular de todos los tiempos. Hasta yo tenía suscripción. Me encantaba ir a www.seriesyonkis.com (cuando todavía se podían hacer esas cosas, claro) y verme mis series favoritas en cualquier momento y lugar… Aparte de poder bajar las cosas que otros subían, los servicios de vídeo directamente desde la fuente eran uno de los tirones más importantes del negocio. Los ingresos por publicidad obtenidos de esta manera debían ser impresionantes: la red de servidores (más de 1000 sólo en el proveedor Carpathia) era enorme, con millones de usuarios cargando y, sobre todo, descargando contenidos que la gente subía, todo ello en un frenesí alucinante en el que todos (sí, admitidlo, todos) estábamos sumergidos y que de repente, el 19 de enero de 2012, se esfumó como quien rompe una pompa de jabón.

Kim “Dotcom” y tres socios fueron arrestados por la policía de Nueva Zelanda a solicitud del FBI. En total, 18 servicios fueron tirados abajo ese mismo día ante la sorpresa y el estupor del mundo internauta, que vio como se desvanecían en la nada toneladas ingentes de material digital. Muchos usuarios, incluso, vieron como sus backups de datos (de los cuales en muchos casos no tenían replicas) dejaban de estar disponibles, perdiéndose TB de datos que no se pudieron recuperar. Una hecatombe digital en toda la regla, vamos. El departamento de justicia americano exigió 500 millones de dólares a “Dotcom” por daños a las industrias del entretenimiento, a lo que había que sumar los 175 millones que se habían gastado tales industrias en demandar a Megaupload por tales hechos. A su vez, fueron retenidos diversos bienes de las corporaciones involucradas (Megaupload Limited y Vestor Limited) y de los arrestados, como coches y otros por valor de 50 millones de dólares. Ya desde el primer día se hacía evidente que detrás de todo esto estaba la mano de Hollywood y que llevaban mucho, mucho tiempo preparando el gran golpe. Y vaya golpe.

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Naturalmente, Megaupload no era el único servicio de este tipo. Hotfile, Filesonic, Rapidshare o Mediafire eran otros de los servicios que por aquel entonces también disfrutaban de muy buena salud, aunque Megaupload era el jefe indiscutible. Todos tenían su parte de la tarta. Tras el 19 de enero, todos los servicios, de forma unilateral y sin previo aviso, decidieron, en algunos casos, echar abajo el servicio de forma preventiva por si acaso y en otros casos, mantenerlo funcionando pero restringiendo el acceso a los contenidos con derechos de autor. La fiesta de las descargas había, aparentemente, terminado, y el sueño de poder descargar cualquier cosa en unos minutos (dependiendo de tu conexión), también. Muchos de estos servicios volvieron tímidamente a funcionar de forma normal semanas más tarde, pero el daño ya estaba hecho. La industria del cine y la música habían dado el golpe definitivo a lo que ellos consideraban la piratería, y su centro máximo, Megaupload.

Pero no deja de ser curioso lo que pasó. El servicio, como los demás, llevaba años funcionando sin aparentes problemas aparte de los pleitos que habitualmente interponían contra la compañía del excéntrico Kim. Megaupload solía borrar o bloquear los archivos que se le exigían y todo parecía funcionar de forma bastante correcta. Pero algo pasó las navidades de 2011. Se llevaba anunciando desde unos meses antes pero fue en diciembre de ese año cuando se presentó un vídeo donde artistas de la talla de Alicia Keys, Kanye West o will.i.am entre otros aparecían promocionando un futuro nuevo servicio de música en el que ellos y otros muchos artistas venderían su música de forma exclusiva, de una manera peculiar, al estilo Megaupload: la gente podría escucharlo gratis con publicidad, y también habría un servicio de venta y alquiler. Los artistas se llevarían una muy buena tajada (mucho mayor que con las discográficas y las distribuidoras convencionales) y en opinión de muchos (me incluyo), esto fue el detonante de la situación que se produciría apenas un mes más tarde. Se la tenían jurada al loco Dotcom, pero esta fue la gota que rebasó la paciencia de los grandes del entretenimiento mundial. Todo lo que tenían acumulado fue puesto en movimiento a partir de entonces y dio como resultado el follón internauta más gordo de la historia reciente después del descalabro de las Punto Com.

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La enseñanza de esta historia puede ser muy diversa. Supongo que cada uno puede sacar la suya propia. Desde el poder de la industria hasta como este hecho supuso el renacimiento del Torrent y la mula (que es como llamamos en España al otrora famoso Emule). Pero lo que es evidente es que supuso un antes y un después. Si la caída de las Punto Com fue el momento en que “desfloraron” a las empresas de Internet, la caída del Ícaro moderno que es Kim Dotcom, que intentó volar demasiado alto y el Sol (la industria del entretenimiento), con sus todopoderosos rayos, lo tiró abajo y nos despertó de golpe a todos los usuarios. Kim no ha dejado de volar, pero su nueva empresa Mega no es ni la sombra de lo que fue su antiguo imperio de las descargas. Ha aprendido la lección (salvo que nos vuelva a sorprender otra vez) y ahora vuela más bajo, pero vuela. De todas formas, siempre nos queda la posibilidad de que vuelvan a abrir los servidores para que la gente pueda descargarse la información que tenían almacenados: una jueza ha abierto la posibilidad de que esto sea así, así que, con suerte (con MUCHA suerte), este episodio estrambótico de los últimos años de la red pueda solucionarse más felizmente, al menos para los usuarios.

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