No sólo Apple XVII: El efecto Osborne


Apple ha tenido una influencia decisiva en la industria, pero aquí recordamos a los que han colaborado de forma decisiva al mundo tecnológico en el que vivimos fuera del «jardín vallado». Esta sección aparecerá a las 9:41 am, hora del pacífico, como nuestra sección «One More Jobs» (pulsa aquí para saber por qué).

No, no estoy hablando de nuestro ínclito presentador nacional de nombre Bertín… El efecto Osborne es un insidioso problema al que se han enfrentado muchas empresas a lo largo de su historia, no necesariamente tecnológicas, que puede enviar, como ocurrió efectivamente con el protagonista de esta historia y que da nombre al efecto en cuestión, a la bancarrota total, casi se podría decir cuando tenía toda su vida por delante. Bienvenidos a la pequeña pero trágica historia de la fugaz Osborne Computer Corporation (OCC).

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Adam Osborne, un pequeño empresario editorial estadounidense que había conseguido unos dinerillos vendiendo libros técnicos sobre la incipiente informática de la época, se decidió a dar el salto a un mundo totalmente inexplorado en aquella época. De hecho, fueron los desarrolladores de nada menos que el primer portátil de la historia, el Osborne 1, que fue todo en éxito el año que salió, 1981. Su éxito se debió en gran medida sus prestaciones en relación a su bajo precio, por debajo de los 1.800 dólares de la época, que sí, no eran pocos, pero comparado con la competencia, eran cuatro duros, como decimos por aquí. Pero la buenaventura se torció, hasta el punto que dio origen a una leyenda y dio nombre a un efecto que todavía se experimenta hoy día en el mundo tecnológico. Dicho efecto es una especie de «efecto Streisand» para empresas, y con sólo dos años, consiguió hundir a una empresa cuyo dirigente era comparado en aquellos momentos nada menos que con Bill Gates y Steve Jobs. Veamos qué pasó y porqué.

El Osborne 1 tenía unas prestaciones envidiables en la época: portaba un Z80 (un clon del 8080 de Intel), 64 Kb de RAM (en aquella época, una barbaridad), pantalla de 5 pulgadas y módem integrado, aunque no tenía unidad de disco fijo ni batería. Pero eso sí, si podías cargar con los 10 kilos que pesaba, pues oye, tenías un ordenador portátil, un lujazo del momento… Calzaba además un sistema CP/M, desarrollado por Gary Kildall (otro caso de fracaso estrepitoso que daría para un jugoso artículo, sobre todo porque Bill Gates estaba en medio y era parte del desaguisado…), y podía ejecutar los últimos hits de la época, como el WordStar, dBase II y SuperCalc. Su éxito fue inmediato, vendiéndose unidades hasta alcanzar cerca de los 53 millones de dólares de beneficios, una cantidad de dinero enorme en la época. ¿Qué pasó pues para que todo se fuera al traste? La imagen que sigue es meramente publicidad de la época, aunque bien mirado no le hacía ningún favor a la empresa… Empero, no fue el motivo del descalabro:

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Impresionante la fotito, ¿verdad? Las causas no fueron, ni mucho menos, que los ligaran de alguna forma con los pre-talibanes de la época, sino algo mucho más insidioso. IBM se había lanzado en 1981 a vender su PC, el primer ordenador de especificaciones libres del mercado, y en OCC se encendieron todas las alertas inmediatamente. Se dieron cuenta de que tenían que hacer algo para competir con el gigante informático, porque, como bien dedujeron, se convertiría en una seria amenaza para su posición en el mercado. E idearon el siguiente paso para continuar su éxito con el Osborne 1: el Osborne Executive, con prestaciones mucho más avanzadas que su predecesor. El anuncio fue hecho a principios de 1983 ante los medios, y el efecto inmediatamente posterior fue que todos los pedidos del Osborne 1 fueron cancelados porque todos esperaban que saliera el Executive para comprarlo. Eso provocó un efecto dominó en el Osborne 1: el stock se acumuló y para poder venderlo tuvieron que bajarlo primero a unos 1.295 dólares en marzo y a 995 dólares en agosto. El desastre fue completo, ya que se acumuló una gran deuda porque no sólo se suspendieron los pedidos, sino que no conseguían vender más. En septiembre de 1983, OCC tuvo que cerrar por bancarrota y la empresa que vendió el primer portátil comercialmente viable de la historia desapareció dos años después de haber nacido.

Osborne Computer Corporation no fue, obviamente, ni la primera ni la última empresa, tecnológica o no, que tuvo semejante problema, pero el impacto en la naciente industria fue tan grande que tuvieron el dudoso honor de acuñar el término para la posteridad. Otras empresas como Apple o Microsoft han tenido también el «privilegio» de tener metidas de pata de mucho calibre por hacer eso mismos: anunciar productos antes de tiempo. El último caso más sonado fue el anuncio de Windows 7 poco tiempo después de comenzar las ventas de Windows Vista. De hecho, tuvieron una caída de nada menos que un 39% de ventas de Windows precisamente porque todo el mundo esperaba a que por fin saliera el sistema que sustituyera en condiciones al odioso Vista. Claro que en ese momento Microsoft ya era el gigante de empresa que es ahora (estamos hablando de 2008) y tuvo menos problemas para salir a flote ya que al fin y al cabo su mercado es el software, pero el «efecto Osborne» arrastró invariablemente a los fabricantes de ordenadores que vieron como rápidamente tuvieron que «cambiar el chip» ya que entre la mala fama de Vista y el anuncio de Windows 7, las ventas cayeron en picado. Fue el prolegómeno de los problemas de ventas de PC que se están viviendo actualmente debido al surgimiento de las tecnologías móviles.

Google también ha pecado del efecto Osborne al anunciar productos como Chrome OS mucho tiempo antes de su lanzamiento (hasta un año antes, cosa que también hace con otros sistemas como Android demasiado a menudo), dando opción a otras empresas a presentar competencia y por tanto, vender menos de sus aparatos. Apple aprendió lecciones del pasado y hoy día ya no anuncia nada prácticamente hasta el crítico momento. El caso reciente más parecido ha sido el Apple Watch, pero dado que era esperado y que ya había competencia circulando por el mercado, no puede decirse que sea un caso de efecto Osborne (porque, por otro lado, ha sido un éxito). En general, no es bueno mostrar tus cartas antes de tiempo, sobre todo si tienes un producto éxitoso, y es mejor anunciarlo poco antes de sacarlo a la luz o,  a lo sumo, no dar demasiadas pistas sobre lo que estás haciendo. En todo caso, es un asunto de la historia informática poco conocido que es bueno tener en mente para no «volver a caer en la trampa».

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