No sólo Apple LXI: El futuro pasado


No hay un presente sin un pasado, y la tecnología de hoy no podría explicarse sin una historia de como se desarrolló hace unas décadas. ¿Qué pensaríais si os dijera que la era de la información y la comunicación que vivimos hoy día tiene ancladas sus raíces en los años posteriores a la II guerra mundial y como la guerra fría hizo que los esfuerzos de ambos bandos se redoblaran en lo que a tecnología se refiere? Pues ese es el asunto fundamental que vamos a tratar hoy.

EEUU salía victoriosa de una guerra mundial que prácticamente había creado un ejército sobredimensionado en menos de cinco años. La industria prácticamente se había orientado casi por completo a la guerra y de tener un ejército bastante reducido antes de la guerra pasó a ser una potencia militar sin parangón en la época, junto con los rusos. Miles y miles de soldados volvían a casa y había que procurarles un empleo. Sus mujeres también habían disfrutado las mieles de ganarse el pan y muchas querían seguir haciéndolo, lo que era un problema mirando a esa enorme masa de hombres que lo habían dejado todo atrás por su país y que ahora tenían que reincorporarse de alguna manera al mundo civil. La solución pasó inevitablemente por convertir parte de esa industria a la economía civil, aunque buena parte de ella siguió consistiendo en fabricación de armamento y la naciente “inteligencia” militar (la CIA, que nació durante la presidencia de Truman), que dio lugar a las ahora muy conocidas subcontratistas del ejército, toda una economía mundial en si misma.

La tecnología no era menos entonces. Los desarrollos técnicos como el radar (que daría lugar más tarde al primer microondas), las comunicaciones inalámbricas y demás habían dado la medida de lo importante que podía ser tener una buena infraestructura tecnológica en un país con unos niveles de crecimiento tan altos y que aspiraba a ser líder del mundo libre. Gente como Termar, Varian, Hewlett y Packard serían los iniciadores de Stanford Park, lo que sería el embrión de Silicon Valley décadas más tarde. La zona del “valle del silicio” era una conocida extensión de terreno dedicada a la minería y era una candidata perfecta para las primeras empresas de semiconductores como Fairchild Semicondutor, que vendería en 1960 la primera placa de transistores viable del mercado (sólo un poco antes que Texas Instruments). Muchos jóvenes soldados estaban dispuestos a convertirse en ingenieros (ya había tenido ciertos estudios en el ejército en esos años), y las nuevas empresas de la costa oeste eran un solución lógica a sus problemas de empleo. Y así surgió el boom de empresas de tecnología electrónica de la zona, mucho antes de que el meollo de la informática surgiera con fuerza allí. Recordemos que HP, legendarios en la zona, vendían sobre todo calculadoras cuando jovenzanos como Jobs y Wozniak comenzaban a montar sus primeros equipos informáticos. La informática en general se había desarrollado primero en la costa este, en IBM y la Bell (de donde salieron los primeros Unix en los sesenta), y todavía no había dado el salto a la informática personal. Pero se hacía evidente que la naciente industria informática tenía un claro objetivo de convertirse en comercial, después de haber dado muestras evidentes de éxito durante la guerra con proyectos como ENIAC en USA y la lucha por desencriptar Enigma en Bletchley Park. Y también se evidenciaba que sería un importante negocio en el futuro.

Uno de los primeros diagramas describiendo el funcionamiento de una red Ethernet (embrión del actual Internet).

En los años 60 nació ARPA, actualmente conocida como DARPA y que inicialmente era una empresa contratista del ejército que se dedicaba a conseguir tecnología para su principal cliente, los militares. Lo mismo que ahora In-Q-Tel para la CIA, pero eso lo veremos en el próximo artículo. ARPA se dedicaba a financiar pequeños proyectos para lograr tecnologías viables para ser usadas por el ejército y que al mismo tiempo pudieran ser viables comercialmente en el mundo civil. ARPA estuvo trabajando con varias pequeñas empresas como 3COM (de Robert Metcalfe, que había sido el primero en montar una red completa para ARPANET) que realizaba investigaciones para la transmisión inalámbrica de información (se rumorea que usando tecnología que el FBI robó a Tesla antes de morir, aunque esto no es demostrable ya que se llevaron todos los documentos de su habitación de hotel cuando falleció). Y todo esto para crear una gran red que teóricamente tenía que ser indestructible (bueno, cosa que sabemos que no es, sobre todo con lo que han sido los últimos ataques a la infraestructura de la red y empresas tecnológicas, que han dejado el concepto de la seguridad en Internet bastante en entredicho). Hoy día DARPA sigue realizando básicamente el mismo trabajo, pero su influencia en las empresas de la pre-Silicon Valley es como mínimo algo para estudiar con detenimiento. En un artículo de hace tiempo comentaba como ya un político como Vannevar Bush podía conceptualizar una red de información casi tal y como la conocemos hoy día, y estamos hablando de los años 50 del siglo pasado. Es evidente que ya había un claro objetivo para conseguir lo que tenemos hoy día, y que durante décadas se ha potenciado todo lo relativo a las tecnologías de la información para alcanzar el punto actual, o mucho más allá. Allí surgieron empresas como Xerox Parc (del gigante de la impresión Xerox) que de la mano de señores como Douglas Engelbart creaban sistemas como Alto, prolegómenos de la informática personal de hoy día. Fueron los primeros buenos tiempos del mundo en que vivimos hoy.

En el próximo artículo veremos como el gobierno, por medio de empresas tapadera como In-Q-Tel, invierte sobre grandes y pequeñas empresas (parece ser que en un mes han llegado a invertir en 150 proyectos diferentes, lo que da una medida de hasta que punto tienen interés en el asunto), pero es evidente que necesitamos tener un contexto. Ellos no buscan ganar dinero: buscan tener tecnología que los haga mejores y que les permita hacer más eficientemente su trabajo, ya sea militar o de inteligencia. Todavía no me he metido con como esas inversiones afectaron a empresas de la naciente industria de la informática personal como Apple o Microsoft entre otras, y también veremos hasta que punto se prefirió a una sobre otra porque el levantisco del californiano, simplemente no se dejaba doblegar (Jobs fue investigado por el FBI, como veremos con documentación concreta). Y por supuesto las que vinieron después: Google, Facebook, Twitter… Empresas que sin financiación estatal nunca hubieran llegado donde están. En los últimos años, “el mito del emprendedor” se está viniendo abajo, primero desde círculos alternativos y ahora, varios autores como Greber critican el hecho de que los llamados “empresarios exitosos” podrían ser o son una cortina de humo, aunque en algunos casos, aunque el empuje inicial fuera estatal, luego algunos de ellos brillaron con luz propia. Lo estudiaremos en próximas entregas.

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