No sólo Apple XXV: Bill Gates, ¿genio visionario u oportunista desaforado?


Bill Gates. Todos hemos oído ese nombre y hemos conocido sus peculiaridades como emprendedor, empresario y filántropo. Es, junto con algunos otros como Steve Jobs o Zuckerberg, uno de esos nombres que nunca han dejado indiferentes a nadie, por muy distintas razones. No se trata de realizar una semblanza biográfica en un artículo, es imposible e innecesario, pero sí destacar como ha influido, positiva y negativamente, en el mundo tecnológico que conocemos hoy día.

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La semana pasada, al hablar de la película “Piratas de Silicon Valley”, destacábamos el evento que dio la vuelta al mundo al presentar a Bill junto con Steve en una especie de escena orwelliana en la que Gates aparecía en una pantalla gigante como un mismo Gran Hermano que parecía tener amarrado a Jobs con su dinero. Casi veinte años más tarde las tornas se han vuelto y mientras Apple es la primera o segunda empresa más valorada del mundo, Microsoft sigue cayendo enteros año tras año, con sonoros fracasos estratégicos que, siendo francos, no podemos achacar directamente a Gates. ¿O sí?

En la película antedicha, Bill, Paul y Steve van a IBM a vender la moto más grande de la historia: “os vendemos un sistema operativo (que no hemos hecho) del cual nosotros tendremos la exclusiva y por el que cobraremos por cada copia vendida”. Como a IBM el plan le iba bien, eso permitió que se creara el emporio informático más grande de la historia pre-Internet: hay que entender que hasta entonces, la mayor parte del software que corría por ahí era desarrollado por los homebrew (clubs de fans) y había muy pocas empresas de desarrollo de software, que además solían llevar una política de “te lo vendo y es tuyo”. Anteriormente sólo algunas empresas del nivel de SCO (más tarde Sun Microsystems, ahora Oracle) desarrollaban grandes proyectos para empresas y universidades y lo alquilaban, con un servicio de mantenimiento detrás. Hay que reconocerle una cosa a Bill: inventó un nuevo modelo de negocio exitoso que se mantuvo incólume mientras vivimos el mundo desconectado. Pero claro, nada es eterno.

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En 1995 Gates escribió un libro titulado “The road ahead” (el camino adelante) donde hablaba de su visión de la tecnología en los próximos veinte años. La verdad, siendo sinceros, se acercó mucho a la realidad. Acertó con la importancia de las redes de comunicaciones, la medicina digital, las tablets y los teléfonos. De hecho, fue uno de los primeros en apreciar que el iPhone iba a ser revolucionario. Pero por algún extraño motivo que no ha sido aclarado, decidió no aplicar sus propias recomendaciones en su empresa, al menos no de forma decidida. Bien es cierto que fueron de los primeros en presentar una tablet funcional con Windows, su sistema Windows Mobile fue un estándar del mercado durante años y sus intentos de llevar Internet a Windows encomiables (como ya comentamos en su día). Pero de alguna forma, a partir de su dimisión en 2000, todo se vino abajo. Si los intentos de establecerse en esos mercados fueron infructuosos, su sucesor Steve Ballmer no sólo no continuó la estela de su legendario predecesor, sino que lo fue estropeando todo poco a poco hasta llegar al punto de Windows 8, la primera versión de su sistema que fue mayormente rechazada por la mayoría del mercado. Sus intentos de desarrollar una tablet comercialmente válida estuvieron más de doce años en la estacada hasta que sacaron la Surface, que ha sido un fracaso comercial. En cuanto a los móviles, ya sabemos lo que ha pasado.

Muchos se preguntan por qué dimitió en lo más álgido de su carrera, y por qué dejó a su retoño exitoso, Microsoft, en la cuneta tras veinticinco años de fortuna. Se puede aducir que el hombre ya estaba cansado y quería dedicarse a otras cosas (total, es uno de los hombres más ricos del mundo, tiene la vida resuelta). Realmente son cuestiones difíciles de entender y resolver si el propio protagonista no ayuda, pero son incógnitas que posiblemente no se resuelvan nunca, o al menos en mucho tiempo. Sin duda, Bill Gates estableció estándares comerciales en el mundo informático mundial, creo mercados que no existían y llevó, junto con Jobs, ordenadores a todos los hogares, cada uno a su manera. Sobre todo, Microsoft desarrolló desde sus inicios herramientas de programación legendarias que siguen siendo insuperables hoy día. También creó malas artes con sus proveedores y distribuidores (que ahora les están pasando factura). Despreció oportunidades como adaptar Unix a su entorno (son los poseedores de Xenix) y parece que en los últimos años, con el auge de Internet, están perdiendo la comba del mercado y dándose demasiados golpes, más de los que sería deseable y esperable. ¿Cuál es su futuro? ¿Qué pintará Bill Gates en él? No lo sabemos. En todo caso, es una vida que como mínimo vale la pena conocer, tanto por sus luces como por sus sombras.

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