No sólo Apple XIV: ¿Las apps están matando a la web?


Apple ha tenido una influencia decisiva en la industria, pero aquí recordamos a los que han colaborado de forma decisiva al mundo tecnológico en el que vivimos fuera del «jardín vallado». Esta sección aparecerá a las 9:41 am, hora del pacífico, como nuestra sección «One More Jobs» (pulsa aquí para saber por qué).

Hace un par de semanas, en esta misma sección, hablaba de la creación de la WWW en un ordenador NeXTcube hace 25 años nada menos. La Web, ese entorno revolucionario en su momento que proporcionó una especie de enorme enciclopedia mundial (aunque en realidad, más bien un saco sin fondo de datos que en realidad por si solos no valen nada) que se ha convertido en una acumulación dispersa e informe de sitios de comercio electrónico, blogs y algunas redes sociales, conceptos muy alejados de la intención original de Tim Berners-Lee, su creador, que seguía las máximas de Ted Nelson y su concepto de Hipertexto, que sentaba las bases conceptuales para su WWW.

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Sir Tim Berners-Lee quería conceptualizar (y lo sigue haciendo) la web como un entorno de información multi-enlazada que permitiera generar una inmensa red de conocimiento en base a que muchos crearan información y la relacionaran entre sí, permitiendo, como así ha sido, generar una “macro-conciencia” entre humanos que permitiera, de forma rápida y sencilla, acceder a la sabiduría de la humanidad. Y sí, esa función sigue existiendo, pero oculta tras un velo de marketing, uso insidioso de nuestros datos y una ignorancia brutal por parte de la mayoría de los usuarios de lo que supone crear y subir información a la red. La “democratización” de la web ha supuesto su desvirtuación, ya desde hace años, aún con el intento de la “Web 2.0” de intentar corregir la situación. Esta corrección sólo ha creado monstruos como Facebook y Google, que no son más que intentos de seguir mercantilizando la información, con lo que volvemos a estar en las mismas. Y en medio de esto, San Jobs inventó la app.

El iPhone original no iba a tener apps, como sabemos. Jobs pretendía que la gente usara el navegador para ir a las webs y usar sus mecanismos inherentes para generar valor en el teléfono. Sin embargo, luego se dio cuenta de dos cosas: primero, que eso no daba dinero, y segundo, que realmente la web no servía para eso, al menos en su estado entonces (no olvidemos al impertérrito Flash). Un año más tarde surgió el kit de desarrollo para programadores, que permitía generar apps para el teléfono y subirlas a una tienda, desde donde se podían descargar gratis o pagando. Es la época del WhatsApp y Angry Birds, cuando todavía las apps eran consideradas meros subprogramas que no podían hacer gran cosa (lo que sabemos que no era cierto, pero la resistencia al cambio es algo fuerte en los humanos). Sin embargo, las apps no nacieron con un elevado espíritu tras ellas: no se trataba de crear una mejor humanidad, sino mejores teléfonos, por lo que desde un principio su función era la que es ahora: servir para extender la función del teléfono dando más libertad a los usuarios, y también más beneficios. Vamos, algo más ajustado a la realidad del mercado.

El iPad comenzó lo que podríamos llamar una revolución Post-PC, que junto a los smartphones, iban a conseguir que la gente dejara de usar PCs (y por tanto, aplicaciones de escritorio) para migrar al entorno móvil. Pero como efecto secundario no previsto inicialmente por mucha gente (me incluyo), extendió su efecto “insidioso” a la web, ya que muchas webs importantes (generalmente redes sociales y grandes tiendas como Amazon) comenzaron a publicar sus propias apps y a recibir casi todo su tráfico desde ellas. Twitter es un buen ejemplo: su web está casi desatendida desde hace años, mientras que su app se ha ido actualizando cada año de forma regular. Los usuarios navegan cada vez menos porque en el móvil es muy incómodo hacerlo (en un iPad es más fácil y atractivo, no obstante, pero se usan mucho más los teléfonos que las tablets) y como la mayoría de los sitios donde acuden normalmente (en general, redes sociales o grandes tiendas) ya tienen sus apps, ya no van al navegador, sino a la app en concreto, generando una idiosincrasia en la que si no vas al navegador, usas cada vez menos la red y por tanto una de sus utilidades más importantes, que son los buscadores, con lo que cada vez se descubren menos sitios y se genera menos realimentación del usuario a la web. Y esto se está notando, sin duda, en el ámbito publicitario, que merma cada vez más en web y sube en los anuncios móviles todos los años.

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¿Es una situación reversible? En opinión del que suscribe, es posible. El principal problema que veo en la web móvil actual es que no vale sólo con ser “responsive”: en general el diseño suele cuidarse muy poco básicamente porque sólo se usan plantillas genéricas que pueden estar adaptadas, pero siguen siendo “web”. Cambiar esa mentalidad es muy complicado, pero aquellos que quieren hacer una web móvil tienen que entender que esa web tiene que funcionar, en la medida que lo permiten los navegadores, como si fueran una app, pero en el sentido de que usen las metáforas el móvil y sus funciones, ya que las apps, por necesidad, están mejor adaptadas al entorno que una simple web que se “moldea” al tamaño del aparato. Pero para eso tienen que darse dos cosas: primero, un cambio de paradigma mental en los que desarrollan sitios (y ahora mismo, no nos engañemos, eso lo hacen los departamentos de marketing online), y segundo, que los navegadores permitan acceder a todo o casi todo lo que pueden hacer las apps, en general por medio de javascript. Lo segundo es más factible que lo primero, en todo caso.

Yo particularmente recomiendo a mis clientes que hagan esto, y a veces escuchan y a veces no. Muchos de ellos directamente me están pidiendo hacer una app que en realidad es sólo un espejo de la web, pero no entienden que esa no es la solución. Argumentan que los usuarios quieren usar apps, no el navegador, cosa con la que estoy de acuerdo, pero no quieren invertir en que su web funcione como una app, así que lo que terminan teniendo es una app que no es una app que parece una web que no quiere ser una web. Vamos, una nulidad. La Web, muy probablemente, deberá retraerse (y seguirá funcionando así) a la función de sistema de información multo-enlazada, cosa que no debería seguramente de haber dejado de ser nunca (como le pasó al PC, que de ser una máquina de trabajo se convirtió en una de entretenimiento, para retraerse de nuevo a su función original), y que las apps tomen su lugar en el contexto funcional, de entretenimiento y comercial. Esto generará un mundo totalmente diferente para mucha gente, pero como suele pasar, algunos se darán cuenta tarde y terminarán lamentando los cambios que son inherentes al mundo en que vivimos. Pues ya estáis avisados, chatos.

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2 Comentarios

  1. 20 de marzo, 2016
    Responder

    Me agradó lo que escribiste y me hizo recordar algunos casos que me han pasado al momento de desarrollar. La web como la conocemos no desaparecerá por una o miles de aplicaciones por qué una aplicación se instala y sería muy incomodo tener que estar instalando cientos de aplicaciones de todo tipo, a menos que Google haga una aplicación de su buscador y como bien indicas quienes desarrollamos sitios web, le demos ese diseño y uso que una aplicación permite a un sitio web. Sin embargo hay muchos sitios web que se ven mejor y son más cómodos desde el navegador que en una aplicación limitada por el tamaño de la pantalla del smartphone aunque la aplicación tenga un gran diseño.

    • lainon
      31 de marzo, 2016
      Responder

      Hola @PaulinaVelasco, gracias por escribir. Precisamente lo que intento indicar en el artículo es destacar el hecho de que no se deben hacer las cosas como hasta ahora. Las apps son programas, y las webs son básicamente un entorno de información. El problema deriva de que se ha querido que las webs sean aplicaciones, pero no lo son, o al menos la web no se creó para eso. El problema fundamental está en que cuando uno quiera hacer una aplicación, haga una app, no una web, y viceversa. Evidentemente, es absurdo hacer apps para mostrar lo que debería ser una página de información, pero por eso mismo también es absurdo hacer webs supercomplicadas que hagan la función que ahora puede hacer una app. Es decir, distinguir unas cosas de otras. Es cierto que el contexto de la app es heterogéneo (Android e iOS principalmente) mientras que la web se puede ver, más o menos, en cualquier contexto. Pero como digo, tal vez el problema es que confundimos churras con merinas. Lo que es un hecho incontestable es que los usuarios prefieren tener apps a ir a la web (ya me lo han dicho varios clientes y lo he podido constatar en mi entorno), porque en realidad, los usuarios medios realmente no usan una cantidad brutal de aplicaciones diariamente, aunque al cabo del mes se puedan instalar muchas, siendo que la mayoría terminan borradas o arrinconadas en una carpeta del móvil. Lo que antes se hacía yendo al navegador ahora se hace con apps, y con excepciones muy contadas, los usuarios están limitando su acceso a Internet a lo que les permiten las apps y tal vez búsquedas, que generalmente terminan la mayoría en los mismos sitios. Esto está haciendo perder riqueza a la red y de ahí el tema del artículo: la web está perdiendo fuerza en el ámbito público y está desplazando muchas funciones al móvil. La conclusión a la que llego es que las webs deberán ser informativas en general pero funcionar parecido a las apps (apariencia, no función), porque es lo que, siendo claros, es lo que está buscando la gente, aunque a los desarrolladores tal vez nos gustara otra cosa. Saludos.

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